La Riqueza de las Regiones (por la Asociación Española de Ciencia Regional

¿Brecha digital por origen migratorio? Lo que aparece a simple vista y lo que queda al comparar estudiantes iguales

¿Brecha digital por origen migratorio? Lo que aparece a simple vista y lo que queda al comparar estudiantes iguales

Por Diana Fernández Méndez, José Manuel Amoedo Meijide y Jackiline Brigida Salazar Torres – GAME-IDEGA, Universidade de Santiago de Compostela

Que un estudiante tenga o no origen migratorio parece marcar diferencias en su relación con la tecnología. Asumimos casi por intuición la existencia de esa brecha digital asociada a hogares migrantes con menos recursos, entornos más precarios o peor acceso a dispositivos. Pero cuando se mira con detenimiento la imagen se vuelve menos nítida, y más interesante, de lo que el tópico sugiere.

En el marco de un proyecto del IDEGA (USC) tratamos de analizar la vulnerabilidad digital entre adolescentes con y sin origen migratorio en España y Galicia para evaluar el impacto de esta en el desempeño educativo y en el riesgo de fracaso escolar. A partir de los microdatos de PISA (OCDE), que ofrece una muestra representativa de más de 30.000 estudiantes en España y un amplio bloque de variables sobre acceso, uso y competencias digitales, así como sobre su contexto social, económico, cultural y educativo, hemos comenzado a obtener los primeros resultados.

La vulnerabilidad digital no la entendemos solo como falta de acceso, sino como una realidad multidimensional: en el hogar (DVHOME), la escuela (DVSCH), las competencias (DVSKILLS) y los usos efectivos de la tecnología (DVUSE1, DVUSE1.5 y DVUSE2). El indicador diseñado para captar todas estas dimensiones admite, además, para el uso tecnológico graduar la penalización del uso ocioso de los dispositivos mediante un parámetro α que toma los valores 1, 1,5 y 2 (mayor valor penaliza en mayor medida). Dando lugar a tres variables de vulnerabilidad agregada (DV1, DV1.5 y DV2).

Un primer vistazo parece confirmar la intuición inicial. En España, los estudiantes de origen inmigrante presentan, en bruto, mayores niveles de vulnerabilidad que los nativos tanto a nivel global como en prácticamente todas las dimensiones. Sobre todo, la dimensión del hogar muestra las brechas más marcadas. Hasta aquí, nada sorprendente.

El problema de esa primera mirada es que compara colectivos que, de partida, son muy distintos en renta, nivel educativo de las familias o entorno escolar. ¿Refleja la brecha el origen migratorio, o más bien las condiciones socioeconómicas que suelen acompañarlo? Para separarlo, emparejamos a cada estudiante de origen migratorio con estudiantes nativos de similares características mediante técnicas de propensity score matching, de modo que la comparación se haga a igualdad de condiciones.

Figura 1. Desigualdades en la incidencia de la vulnerabilidad en España

Nota: *p<0,1; **p<0,05; ***p<0,01 y p<0,001

Fuente: los autores a partir de PISA (2022)

Y así la imagen cambia. Una vez emparejados estudiantes equiparables, las diferencias entre nativos e inmigrantes en España se reducen de forma notable y dejan de ser estadísticamente significativas en casi todos los casos. La excepción es el hogar, por tanto, es ahí, en el equipamiento y el contexto doméstico, donde queda algo de diferencia atribuible más allá del contexto socioeconómico general.

El caso de Galicia es aún más llamativo. Allí, las diferencias entre estudiantes nativos y de origen migratorio son pequeñas y no llegan a ser estadísticamente significativas ya antes de emparejar, y siguen sin serlo después. Dicho de otro modo, en la comunidad apenas se detecta una brecha digital atribuible al origen migratorio en estas dimensiones.

Figura 2. Desigualdades en la incidencia de la vulnerabilidad en Galicia

Nota: *p<0,1; **p<0,05; ***p<0,01 y p<0,001

Fuente: los autores a partir de PISA (2022)

La lectura conjunta es prudente pero importante. Buena parte de la brecha digital que a veces asociamos al origen migratorio no se explica tanto por el origen en sí como por las condiciones socioeconómicas que lo acompañan. Cuando comparamos estudiantes verdaderamente equiparables, la diferencia se desvanece, con el hogar como excepción persistente.

Esto no significa que el problema no exista. Significa que está en otro sitio. Si la desventaja digital se concentra en el entorno doméstico, las políticas que reparten dispositivos por igual sin atender al contexto del hogar difícilmente cerrarán esa diferencia. Y conviene no olvidar que “no significativo” no equivale a “inexistente”, indica que, con estos datos, no podemos afirmar que la diferencia se deba al origen.

El siguiente paso del proyecto es precisamente comprobar si estas diferencias digitales se traducen en peores resultados educativos y en un mayor riesgo de fracaso escolar, y si ese vínculo opera de forma distinta según el origen. Ese análisis está en curso. Por ahora, el mensaje preliminar invita a afinar el diagnóstico antes que a confirmarlo. La brecha digital parece tener una dimensión territorial y socioeconómica que el simple etiquetado por origen migratorio no captura bien. Para una política educativa que aspire a la equidad, distinguir entre lo aparente y lo real no es un matiz técnico, es la diferencia entre intervenir donde se ve el problema e intervenir donde está.

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