Andalucía y el sur de Italia: el «espejo» que desvela nuestros límites de competitividad
Por Pilar Campoy-Muñoz. Profesora del Departamento de Economía de la Universidad Loyola Andalucía.
¿Pueden dos regiones con la misma estructura económica, demográfica y social obtener resultados de desarrollo totalmente distintos? La respuesta corta es sí. En el ámbito de la política regional europea, es común utilizar el benchmarking para identificar regiones «espejo» o estructuralmente similares con el fin de replicar políticas de éxito (Navarro et al., 2014). Sin embargo, la realidad suele ser más compleja: políticas de innovación que funcionan en un territorio pueden fracasar en otro que, sobre el papel, parece idéntico (Aria et al., 2019). Este fenómeno, estrechamente ligado a la denominada «paradoja de la innovación regional europea», plantea un interrogante fundamental: ¿qué factores explican estas diferencias de rendimiento interno? (Uyarra et al., 2018)
En esta entrada resumimos las principales conclusiones de un estudio elaborado junto a mis compañeras de la Universidad Loyola Andalucía, Luz Dary Beltrán, M. Carmen Delgado y Maria Luisa Rodero-Cosano, publicado en el Journal of the Knowledge Economy. En él analizamos por qué regiones de la periferia europea con homogeneidad estructural, tomando como referencia a Andalucía, rinden de manera tan dispar en términos de competitividad, y aportamos claves para reorientar las estrategias de desarrollo de cara al futuro (Beltrán et al., 2025).
Determinantes de la competitividad y perfiles regionales
Para comprender esta brecha, el estudio analiza 20 regiones europeas estructuralmente similares a Andalucía (distribuidas principalmente por el sur de Francia, Italia, Portugal y el Reino Unido) utilizando los indicadores del Índice de Competitividad Regional (RCI) de la Comisión Europea.
A través de un análisis de regresión lineal, identificamos cuatro factores críticos que determinan de manera estadísticamente significativa la competitividad en este grupo de regiones: el Producto Interior Bruto per cápita, los recursos humanos en ciencia y tecnología, gasto total en I+D y la tasa de desempleo juvenil.
Posteriormente, aplicamos un análisis de cluster (k-means) para agrupar estas regiones según sus perfiles específicos en estas cuatro variables. El resultado dividió a las regiones en cuatro grupos claramente diferenciados, desmontando la idea de que la similitud estructural implica un comportamiento homogéneo.
¿Por qué Andalucía rinde de forma diferente?
El análisis sitúa a Andalucía en el Cluster 1, un grupo de baja competitividad que comparte exclusivamente con las regiones del sur de Italia (como Calabria, Sicilia, Puglia o Campania). Este grupo se caracteriza por registrar los valores más bajos en PIB per cápita, personal en ciencia y tecnología y gasto en I+D, además de las tasas de desempleo juvenil más alarmantes del conjunto analizado (con una media cercana al 47%).

¿Por qué Andalucía se desvía del rendimiento de otras regiones estructurales similares (como las del sur de Francia o del norte de Italia, situadas en clusters más competitivos)? La clave reside en deficiencias de carácter estructural, especialmente en dos ámbitos interconectados: la economía del conocimiento y el mercado de trabajo.
Andalucía presenta una notable infrautilización de su capital humano. Aunque la región cuenta con un porcentaje razonable de estudiantes universitarios, existe un profundo desajuste estructural (mismatch) entre la oferta formativa y las necesidades reales del tejido empresarial local. Esto se traduce en un mercado laboral con un desempleo juvenil crónico y una baja absorción de trabajadores cualificados en sectores de media y alta tecnología. Al no resolverse estas deficiencias básicas del mercado laboral y de transferencia de conocimiento, las políticas avanzadas de innovación y especialización inteligente (RIS3) no logran el efecto multiplicador deseado, limitando el crecimiento de la productividad y la competitividad regional.
Claves y propuestas de futuro para Andalucía
Para revertir esta situación y mejorar de manera sostenible la competitividad andaluza, la planificación pública no puede limitarse a replicar recetas de regiones líderes sin antes sanear los pilares básicos de su economía. Se sugieren tres líneas de actuación prioritarias para el futuro:
- Reformas estructurales en el mercado de trabajo y educación: Es prioritario alinear la formación profesional y universitaria con las demandas tecnológicas de las empresas locales. Mitigar el desempleo juvenil no solo es una cuestión de equidad social, sino un requisito macroeconómico indispensable para que las políticas de innovación tengan un terreno fértil sobre el que operar.
- Impulso a la absorción tecnológica del tejido empresarial: Dado que el tejido productivo andaluz está dominado por pequeñas y medianas empresas, las políticas públicas deben incentivar la adopción tecnológica y el gasto privado en I+D (no solo el público), facilitando que el conocimiento generado en las universidades se transfiera de forma efectiva al sector productivo.
- Estrategias territoriales adaptadas: El benchmarking regional debe completarse con análisis intragrupo detallados. Las políticas de cohesión y los fondos europeos deben orientarse a resolver los cuellos de botella específicos del mercado laboral andaluz, reconociendo que los incentivos a la innovación avanzada son ineficaces si la región carece de la capacidad de absorción necesaria.
La competitividad no es un indicador estático, sino el resultado de un ecosistema equilibrado. Solo abordando de raíz las ineficiencias de su mercado laboral y fortaleciendo los lazos de la economía del conocimiento, Andalucía podrá transformar su potencial estructural en un verdadero motor de desarrollo y bienestar.
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