¿Importa dónde se ubica una empresa? Ciudades, diversidad e innovación en Ecuador
Por Juan Fernández-Sastre y Juan Esteban González – Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO Ecuador)
¿Por qué un taller de muebles en Quito puede ser más productivo que otro casi idéntico en un cantón rural? La respuesta habitual mira dentro de la empresa: su tamaño, su tecnología, su gestión. Pero la ciencia regional lleva décadas mostrando que el lugar también cuenta. Concentrar personas y empresas en un mismo espacio facilita compartir infraestructuras, encontrar trabajadores adecuados y aprender de los vecinos. En un país de fuertes contrastes territoriales como Ecuador, saber cuánto pesa la geografía es clave para diseñar políticas de desarrollo productivo.
En un artículo reciente publicado en Investigaciones Regionales – Journal of Regional Research abordamos esta cuestión con datos del Censo Nacional Económico de 2010, que recoge información de todas las empresas manufactureras y de servicios del país, y del Censo de Población y Vivienda. Utilizamos modelos multinivel, una técnica que permite separar qué parte de las diferencias de productividad se debe a la propia empresa, cuál al sector al que pertenece y cuál al cantón —la división territorial equivalente a un municipio— donde opera.
Cuánto pesa el territorio
La mayor parte de las diferencias de productividad se explica por las características internas de las empresas. Aun así, en torno a un 4-5% es atribuible a la ubicación geográfica, y el sector de actividad pesa todavía más, hasta casi un 19% en los servicios. El componente territorial ecuatoriano es mayor que el de países como Suecia o Reino Unido, donde no llega al 1%, y similar al de otras economías en desarrollo.
Cuadro 1. Territorio, sector e innovación en la productividad de las empresas ecuatorianas

Fuente: elaboración propia a partir de Fernández-Sastre y González (2026), con datos del CENEC-2010 (INEC). Los rangos corresponden a la productividad total de los factores y a la productividad laboral, una vez controladas las características de las empresas.
Ciudades y diversidad productiva
Analizamos dos rasgos de cada cantón: su grado de urbanización, medido como porcentaje de población urbana, y su diversidad sectorial, es decir, si el empleo se reparte entre muchas actividades o se concentra en unas pocas. El Mapa 1 muestra cómo se distribuyen ambos rasgos en el territorio ecuatoriano.
Mapa 1. Porcentaje de población urbana (A) y diversidad sectorial (B) por cantón, Ecuador, 2010

Fuente: Fernández-Sastre y González (2026), elaboración propia con datos del CENEC-2010 y del CPV-2010 (INEC). La diversidad sectorial se mide con el inverso del índice de Herfindahl del empleo por sectores.
La urbanización favorece la productividad tanto en la industria como en los servicios. Las ciudades ofrecen mejores infraestructuras y transporte, mercados laborales especializados y una demanda más amplia. La diversidad, en cambio, solo beneficia a la manufactura, que aprovecha las sinergias entre sectores. En los servicios, dominados en Ecuador por actividades de baja intensidad de conocimiento como el comercio minorista o la restauración, la ventaja procede sobre todo del tamaño del mercado y de la cercanía al cliente.
La innovación como llave
La aportación más novedosa del estudio es mostrar que no todas las empresas aprovechan igual su entorno. Las que invierten en I+D o en formación obtienen beneficios adicionales. En la manufactura amplifican tanto las ventajas de la urbanización como las de la diversidad. En los servicios captan ventajas de la diversidad que las empresas no innovadoras no logran aprovechar.
La explicación remite a la capacidad de absorción: solo quien dispone de capacidades propias puede convertir las ideas y tecnologías que circulan en un entorno diverso en mejoras de productividad. Las economías de aglomeración, por tanto, no son automáticas ni universales.
Implicaciones para las políticas
Para los gobiernos locales, los resultados sugieren invertir en planificación urbana, infraestructuras, vivienda y servicios que acompañen el crecimiento de las ciudades. También conviene fomentar la diversificación productiva mediante clústeres multisectoriales, zonas industriales de uso mixto y plataformas de cooperación entre empresas. Y estas estrategias deberían ir de la mano de la política de innovación: parques tecnológicos, alianzas entre universidad y empresa o redes de investigación intersectoriales.
A escala nacional, sin embargo, la lectura debe ser prudente. Concentrar recursos en los grandes polos urbanos puede parecer eficiente, pero corre el riesgo de ahondar las desigualdades entre regiones. Lo más adecuado sería un modelo híbrido que combine polos de desarrollo con iniciativas descentralizadas que refuercen las capacidades de los territorios menos urbanizados.
Caben algunas cautelas. Los datos corresponden a 2010 y la digitalización acelerada tras la pandemia puede haber cambiado la magnitud de estos efectos. Además, al tratarse de un corte transversal, los resultados muestran asociaciones y no relaciones causales. Aun así, el mensaje de fondo se mantiene: el territorio importa, sobre todo para las empresas preparadas para aprovecharlo.
“La riqueza de las regiones” constituye un instrumento de comunicación e intercambio de ideas promovido por Asociación Española de Ciencia Regional (AECR). Para más información sobre la actividad de AECR visite su Página Web o síganos en Facebook, Linkedin, Youtube y/o Twitter.
